Perfectamente Imperfectos

01.10.2021

Sus manos pasan del andador al carrito de la compra con una lentitud comprensible, devuelve el gesto cómplice al joven uniformado que cuidará de su rollator y, atusándose el faldón, traspasa la línea de entrada.

Es un supermercado grande. Herminia suele venir temprano. Cuando las góndolas están ordenadas, es más fácil encontrarlas. Avanza por el pasillo de las novedades, gira a la altura de las legumbres... Ahí están: una de salsa de tomate, otra de atún al natural... Si no las rescatara, esas latas golpeadas terminarían en la basura.

Al cabo de una hora, la cinta transportadora de la caja ocho se llena de latas ahuecadas, medio kilo de zanahorias con piernas de bailarina, un paquete de galletas migadas, un cartón de leche de esquinas tímidas y un bote de café sin la etiqueta frontal. Todos productos perfectamente imperfectos, como la sonrisa desdentada que Herminia le regala a la cajera.

Karola Cosme